Los animales sufren mayoritariamente en países que pretenden tener una ética y una moral como fundamento de su legislación

Nunca en la historia el hombre había causado tanto sufrimiento a los
animales como lo está haciendo en nuestros días: en las fábricas de
producción masiva de animales, en los que las víctimas de la moderna
industria de la carne son aprisionadas en espacios tan estrechos que
por miedo y estrés terminan haciéndose daño mutuamente; en los
transportes de animales, en los que la mercancía viva es ultrajada
bárbaramente; en los mataderos, en los que los animales narcotizados
insuficientemente vuelven a estar conscientes durante la matanza y
mueren bajo infinitas torturas, perseguidos y cazados brutalmente en
bosques y campos, por no hablar de las torturas especiales a las que
son sometidos los animales en los laboratorios de los científicos (300
millones de animales por año en todo el mundo criados para fines de
investigación porque los científicos son de la opinión de que los
animales no poseen la capacidad de sentir), millones de toneladas de
peces que padecen una dolorosa muerte por asfixia, en general un abuso
del reino animal sin precedente.

Y todo esto mayoritariamente en países que pretenden tener una ética
y una moral como fundamento de su legislación y que se sienten
comprometidos ante los derechos humanos y la humanidad. Si los seres
humanos queremos establecer una nueva relación con la naturaleza y los
animales primeramente tendremos que preguntarnos cómo se ha llegado al
menosprecio actual de los animales y a los abusos que reciben por parte
del hombre. Para ello habría que reconocer que una gran parte de culpa
recae en las iglesias institucionales al interpretar las palabras
bíblicas “Someteos la Tierra” de una forma egoísta y poco sensible, y
también en filósofos como Descartes quien dijo entre otras cosas, que
el chillido de dolor de los animales al ser matados podría compararse
al chirriar de las máquinas.

Para muchos hombres el animal sólo es un objeto sin sentimientos que
puede ser torturado, descuartizado y consumido, analizado, encarcelado
y perseguido para nuestro propio beneficio, sin ver más allá. Por ello
muchos animales son criados de forma cruel como mero producto en una
cadena de producción: Las gallinas ponedoras, las vacas lecheras o los
animales de matanza, para que el hombre caníbal pueda prepararse una
comida al fin y al cabo a base de cadáveres. Pero aquel que conoce el
sufrimiento de los animales y calla, el que apoya experimentos en
animales o los ejecuta, el que cace, cargará su alma
correspondientemente. Mientras se siga matando animales, se les
extraigan partes del cuerpo, se les amputen las extremidades y se les
use para fines de experimentación, el hombre seguirá yendo a la “mesa
del carnicero”, a la mesa de operaciones.

Estas fotos han sido sacadas de varios sitios de Defensa Animal




Anuncios